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Comentario Sobre el Celibato Católico

26 jul

Hoy abordaré el tema del celibato, un tema que en nuestros días, retoma importancia porque muchos lo relacionan con los “escándalos sexuales” al interior de la Iglesia Católica. Y ésto lo digo porque algunos consideran que el celibato es simplemente imposible de cumplir. Sin embargo, han existido, existe y existiran individuos que han vivido y viven con felicidad su castidad. Por qué el mundo actual trata de cerrar los ojos a está sorprendente realidad. Tampoco es justo afirmar que el celibato, se encuentra en una situación física o psicológica que es antinatural y dañina al equilibrio de la maduración de la personalidad humana; como han tratado de vender la idea, algunos de sus más fuertes críticos. Y me baso, es por el hecho de que es una elección libre y voluntaria, que la persona debe analizar con mucha prudencia y responsabilidad, y que debe reflejar la conducta de alguien que se diga seguir a Cristo.  Mientras se siga pensando que el hombre es solamente carne e instinto sexual y se  desconozca que el hombre es también, inteligencia, voluntad, libertad; y que son éstas características las que nos hacen “superiores”, ya que tenemos la facultad de controlar nuestros propios apetitos físicos, psicológicos e incluso afectivos.

Ahora bien, yo tengo que reconocer aquí en este blog que algunos miembros del clero viven mal su celibato, y llenan de dolor, vergüenza, rabia e indignación a la Iglesia y que no sólo escandalizan a los fieles, sino a todo lo que gira a su alrededor. Pero, si se quita el celibato, los problemas que se le atribuyen a está opción personal NO se solucionan. Teológicamente hablando se considera al celibato como un don y una gracia, para el sacerdote y para la Iglesia. Entonces suprimirlo porque algunos sacerdotes no lo viven bien no es, pues, ninguna solución. La solución está es en que quiénes ingresen al sacerdocio acepten realmente de corazón vivir un celibato libre y bien vivido; y que una vez ordenados pongan los medios ordinarios para conservar la vocación y la castidad. Nadie está obligado a hacer la promesa de celibato; pero una vez hecha, está obligado a ser fiel a su palabra. De la misma manera que nadie está obligado a casarse, pero una vez casado está obligado a ser fiel a su cónyuge. ¿Obliga menos la promesa de guardar el celibato que la palabra dada en el matrimonio? Algunos esposos y esposas, y tal vez muchos, no son fieles a sus cónyuges; ¿deberíamos suprimir la monogamia o la fidelidad matrimonial para solucionar los problemas matrimoniales?

Ya en otra oportunidad me extenderé y daré mi humilde opinión sobre los “escándalos sexuales” al interior de la Iglesia, un tema delicado, doloroso, y muy espinozo. El tema del celibato lo comento ante el sin número de comentarios que hace alguien que se identifica en la red como Esther Rodríguez, y quién como Testigo de Jehová se caracteriza por usar un tono poco amistoso, y afirma que: “es evidente que los hipócritas y cínicos son el clero católico romano, que, en vez de la Palabra de Dios, han enseñado doctrinas y tradiciones antibíblicas, como imponer el celibato por razones materiales desde aprox. el siglo XI (Marcos 7:7,8,13; 1ªTimoteo 6:10), un dogma apóstata de origen pagano que, como estaba predicho, se impuso despuès de morir los apóstoles (Hechos 20:29,30; Colosenses 2:8; 1ªTimoteo 4:1-7; 2ªTimoteo 2:16-19; 4:3,4; 2ªPedro 2:1-3; etc…), sobre todo despuès de que el emperador romano Constantino elevase a la Iglesia de entonces a religiòn oficial del imperio romano en el siglo cuarto”.

Aquí, hay un sin número de elementos que deben ser analizados y leídos con mucha cautela, para evitar llegar a conclusiones apresuradas y quizá poco acertadas. Empezaré desglozando apartes del argumento(s):

“… es evidente que los hipócritas y cínicos son el clero católico romano, que, en vez de la Palabra de Dios, han enseñado doctrinas y tradiciones antibíblicas, como imponer el celibato por razones materiales…”.

Primero que todo, cualquier católico que no este familiarizado con este tipo de discusiones, debe comprender que el celibato “NO SE LE IMPONE A NADIE”; y así se encuentra consignado en la documentación oficial por parte de la Iglesia Católica. Cosa distinta es que quién libremente haya hecho una promesa de celibato; está obligado a ser fiel a su palabra. El Catecismo en el número 1599, nos dice que “En la Iglesia latina, el sacramento del Orden para el presbiterado sólo es conferido ordinariamente a candidatos que están dispuestos a abrazar libremente el celibato y que manifiestan públicamente su voluntad de guardarlo por amor del Reino de Dios y el servicio de los hombres”. Y lo anterior, no choca para nada con lo expresado en Mateo 19:12, del que más adelante hablaré. Incluso, esa tradición antibíblica de la que habla está persona, es muy apetecida no sólo por la Iglesia Católica, sino por grupos sectarios como los mismos Testigos de Jehová.

“Como el tiempo que queda está reducido” y “la escena de este mundo está cambiando”, la Palabra de Dios nos anima a pensar en las ventajas de la soltería (1 Cor. 7:29-31). De ahí que muchos cristianos hayan decidido quedarse solteros por unos cuantos años o para toda la vida. Tales hermanos son dignos de elogio porque no utilizan con fines egoístas la libertad que les brinda su situación; más bien, la utilizan para servir a Jehová “sin distracción” (léase 1 Corintios 7:32-35). Por eso hay un buen número de cristianos solteros que son precursores o betelitas. Otros asisten a la Escuela de Entrenamiento Ministerial, impulsados igualmente por el deseo de ser más útiles en la organización de Jehová. [...] Algunos de ellos sirven a Jehová y a sus hermanos en Betel o en la obra de circuito o distrito, mientras que otros son precursores o misioneros. Podemos estar seguros de que Jehová no olvidará su obra ni el amor que le muestran a su nombre (Heb. 6:10)”. (Veáse la revista la Atalaya del 15 de abril de 2008, páginas 19, 20; párrafos 12, 13. – w08 15/4).

“Puede que los comentarios de Pablo parezcan desconcertantes en algunas culturas en las que se da mucha importancia al matrimonio y a formar una familia. Sin embargo, Jesucristo —quien fue un soltero feliz— mencionó un propósito noble para que los cristianos permanecieran solteros, al decir: “Hay eunucos que a sí mismos se han hecho eunucos por causa del reino de los cielos. Quien pueda hacer lugar para ello, haga lugar para ello” (Mateo 19:12). En armonía con esas palabras, muchos han encontrado que la soltería les permite servir a Dios sin las distracciones propias del matrimonio (1 Corintios 7:35). Miles de cristianos adoran felices a Jehová sin un cónyuge, [...] Muchos cristianos solteros se dan cuenta de que los casados no son los únicos que son felices, y de que no todos los solteros son infelices. Ambos grupos experimentan momentos felices y momentos tristes [...] (1 Corintios 7:28)”. (Veáse la revista la Atalaya del 15 de julio de 2005, página 8. – w05 15/7).

Ahora, aquí nos toca pensar en el siguiente detalle; y es que la Iglesia Católica, enfoca el celibato al servicio de los hombres, es decir, al servicio de la sociedad en general. En contraste de los Testigos de Jehová, que lo enfocan a servir a una corporación privada, que se dedica principalmente a la elaboración de libros y revistas, conocidos por todos nosostros. Entonces, si continuamos buscando en el Catecismo de la Iglesia Católica, podemos encontrar en el número 915 y 1579 lo siguiente:

“915. Los consejos evangélicos están propuestos en su multiplicidad a todos los discípulos de Cristo. La perfección de la caridad a la cual son llamados todos los fieles implica, para quienes asumen libremente el llamamiento a la vida consagrada, la obligación de practicar la castidad en el celibato por el Reino, la pobreza y la obediencia. La profesión de estos consejos en un estado de vida estable reconocido por la Iglesia es lo que caracteriza la “vida consagrada” a Dios (cf. LG 42-43 PC 1)”.

“1579. Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato “por el Reino de los cielos” (MT 19,12). Llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus “cosas” (cf 1CO 7,32), se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios (cf PO 16)”.

Por lo tanto, no es cierto que sea algo impuesto. También afirma está persona, que: “…sobre todo después de que el emperador romano Constantino elevase a la Iglesia de entonces a religión oficial del imperio romano en el siglo cuarto…”

Muchas veces uno se encuentra con personas que profesan el cristianismo, y no conocen muy bien la historia. Me veo entonces en la obligación de explicar de manera genérica algunos datos sobre la historia de la Iglesia, eso sí reconociendo una vez más que hay momentos oscuros en los que algunos miembros han fallado, pero no por ello, se deben rehuir, porque al fin y al cabo también podemos aprender de los errores del pasado, como también de los aciertos. Debemos recordar que el cristianismo empieza como un proyecto dentro del Imperio Romano, que luego será paralelo al Imperio Romano y finalmente llegará a ser más grande que el Imperio Romano. Y esto lo digo porque no se debe olvidar que ese mensaje “cristianizador” se expandío por el mediaterráneo; al fin y al cabo viene de oriente, y fueron precisamente Siria, Líbano, Jordania, Turquía las que van a conocer antes que Roma a los primeros cristianos, porque cuando llegó propiamente a Roma, ya le había dado la vuelta a oriente, por lo tanto, el cristianismo oriental, es anterior, al cristianismo de la Roma de la antiguedad, la cual estaba obviamente conectada con todos los pueblos de oriente, y ésto era por ser un imperio exageradamente grande. 

Pero la Roma esplendoroza, la de los acueductos, las leyes, el senado, la Roma que prefiguró toda la estructura jurídica, que hoy también mantenemos, esa Roma que universalizó un idioma como el Latín, de donde vienen una gran cantidad de lenguas, incluída la nuestra. Es la Roma, donde Pablo de Tarso enseñó que Cristo murió, por la salvación de toda la humanidad, logrando esparcir un mensaje, en una época donde los cristianos estaban siendo perseguidos. Vale la pena recordar que en el año “62 d. C., Santiago el “hermano del Señor”, fue asesinado en Jerusalén por el sumo sacerdote Judío, con el apoyo de la turba”. Precisamente “Santiago había defendido fuertemente la preservación de las tradiciones Judías por parte de los cristianos y, apesar de esto, el sumo sacerdote lo consideró como enemigo”. (Puede consultarse: Historia de la Iglesia. El legado de la fe, de Kevin L. Hughes, Ph.D., editorial LoyolaPress) además, de la persecución de los cristianos; estaban al mismo tiempo las revoluciones Judías que siguieron hasta la destrucción del segundo templo de Jerusalén, en el 66 d.C., en aquella época la población judía se rebeló en contra del Imperio Romano. Cuatro años después, en el 70 d.C., Jerusalén fue saqueada por las legiones Romanas bajo las órdenes de Tito para sofocar una rebelión judía, reconquistando y luego destruyendo la mayor parte de Jerusalén y el Segundo Templo; y es allí cuando expulsan a los judíos de Jerusalén y de Judea, su tierra, dando inicio a lo que conocemos como la diáspora o dispersión de los judíos, obligándolos a entrar a Europa. A su vez el Imperio Romano al ser tan grande, termina partiendose en la Roma de oriente y en la Roma de occidente.

Entonces, para no extenderme, la Roma de oriente; que es de donde viene el origen del cristianismo, es adoptado como la religión oficial del imperio, cuando Constantino declara que de ahí en adelante existirá una Roma cristiana. Con esto quiero dar a entender, que mucho antes de que Constantino legalizara la religión cristiana por el Edicto de Milán en el 313, ya hablabamos del cristianismo de oriente, por ende, él no es el fundador del cristianismo o de la Iglesia Católica, como dicen algunos anti Católicos como otro señor que se hace llamar “Omar SalmeronEntonces, continuando con el tema del celibato, aquí entraré precisamente con “las Iglesias Orientales”, las que “desde hace siglos” tiene en vigor una disciplina distinta.

Que consiste en que mientras los obispos son elegidos únicamente entre los célibes, los hombres casados pueden ser ordenados diáconos y presbíteros. Esta práctica es considerada como legítima desde tiempos remotos; y estos presbíteros ejercen un ministerio fructuoso en el seno de sus comunidades. Por otra parte, el celibato de los presbíteros goza de gran honor en las Iglesias Orientales, y son numerosos los presbíteros que lo escogen libremente por el Reino de Dios. En Oriente como en Occidente, quién recibe el sacramento del Orden no puede contraer matrimonio. (Compárese con el Catecismo Iglesia Católica 1579, 1580).

Incluso, mienten o desconocen quiéne afirman que es en el siglo IV que el celibato adquiere su forma definitiva cuando en realidad, es en el segundo milenio, a través de las decisiones tomadas en la reforma gregoriana y confirmadas definitivamente en el concilio de Trento. Sin embargo, la tradición oriental, ha conservado mejor la disciplina original. Eso sin incluir que Cristo fue célibe.

Ahora bien, se debe reconocer que se han presentando fallas muy graves e incluso vergonzosas al interior de la Iglesia Católica con respecto a este tema, sin embargo, por eso se insiste en que se les debe dar “una formación adecuada”, y preparar “a los alumnos a observar el estado de celibato”, para que “aprendan a tenerlo en gran estima como un don peculiar de Dios”. Incluso se recomienda “dar a conocer a los alumnos las obligaciones y cargas propias de los ministros sagrados sin ocultarles ninguna de las dificultades que lleva consigo la vida sacerdotal”. (Veáse el Código de Derecho Canónico de 1983, Canon 247). Por mi parte, no creo que es acertado tampoco limitar la vocacion sacerdotal única y exclusivamente al celibato, ciertamente la fidelidad a este compromiso tiene un valor importante, durante toda la vida del religioso. Sin embargo, el celibato es solo uno de los aspectos a tener en cuenta de una vocacion sacerdotal, la cual se realiza a lo largo de vida en el contexto de un compromiso global ante los multiples cometidos que se derivan del sacerdocio.

Precisamente sobre éstas dificultades Karol Józef Wojtyła (Juan Pablo II) comenta en una carta enviada a los sacerdotes en el año de 1995 lo siguiente: “La oracion del Senor: “No nos dejes caer en la tentacion y libranos del mal”, cobra un significado especial en el contexto de la civilizacion contemporanea, saturada de elementos de hedonismo, egocentrismo y sensualidad. Se propaga por desgracia la pornografia, que humilla la dignidad de la mujer, tratandola exclusivamente como objeto de placer sexual. Estos aspectos de la civilizacion actual no favorecen ciertamente la fidelidad conyugal ni el celibato por el Reino de Dios. Si el sacerdote no fomenta en si mismo auténticas disposiciones de fe, de esperanza y de amor a Dios, puede ceder facilmente a los reclamos que le llegan del mundo. ¿Como no dirigirme pues a vosotros, queridos hermanos Sacerdotes, hoy Jueves Santo, para exhortaros a permanecer fieles al don del celibato, que nos ofrece Cristo? En él se encierra un bien espiritual para cada uno y para toda la Iglesia. En el pensamiento y en la oracion estan hoy presentes de forma especial nuestros hermanos en el sacerdocio que encuentran dificultades en este campo y quienes precisamente por causa de una mujer han abandonado el ministerio sacerdotal…”. (JP-II Cartas sacerdotes 1995).

Entonces, es evidente que se han presentando en el pasado, se presenta en el presente y muy probable en el futuro, problemas en lo que concierne al celibato. Y la razón es simple, el recurso principal de la Iglesia Católica es humano, y ya ésto la hace vulnerable a una serie de variables, sobre las que es imposible tener total control. Por eso, se insiste en la formación de candidatos al sacerdocio para que sean “educados cuidadosamente para este estado, en que, renunciando a la sociedad conyugal por el reino de los cielos, se unen al Señor con amor indiviso y, muy de acuerdo con el Nuevo Testamento”, [...] Sientan intimamente con cuanta gratitud han de abrazar ese estado no solo como precepto de la ley eclesiástica, sino como un don precioso de Dios que han de alcanzar humildemente, al que han de esforzarse en corresponder libre y generosamente con el estimulo y la ayuda de la gracia del Espíritu Santo. Los alumnos han de conocer debidamente las obligaciones y la dignidad del matrimonio cristiano que simboliza el amor entre Cristo y la Iglesia; convénzanse, sin embargo, de la mayor excelencia de la virginidad consagrada a Cristo, de forma que se entreguen generosamente al Señor, después de una elección seriamente premeditada y con entrega total de cuerpo y alma. Hay que avisarles de los peligros que acechan su castidad, sobre todo en la sociedad de estos tiempos; ayudados con oportunos auxilios divinos y humanos, aprendan a integrar la renuncia del matrimonio de tal forma que su vida y su trabajo no solo no reciba menoscabo del celibato, sino más bien ellos consigan un dominio mas profundo del alma y del cuerpo y una madurez mas completa y capten mejor la felicidad del Evangelio”. (DECRETO SOBRE LA FORMACION SACERDOTAL 10).

La persona que opte por el carisma del celibato, aun cuando es auténtico y probado, debe tener un equilibrio que se debe evidenciar en su afectividad, los impulsos del instinto, pero para alcanzarlo, se necesita una madurez afectiva que capacite a la prudencia, a la renuncia de aquello que la pueda ponerla en peligro, a la vigilancia sobre el cuerpo y el espíritu, a la estima y respeto en las relaciones interpersonales con hombres y mujeres. Y eso se encuentra en una adecuada formación, que no nace en un seminario, sino que tiene su origen en la misma familia.

Pasemos ahora a la definición de los términos que se asocian al celibato, necesariamente hay que relacionarlos con su contexto histórico.

EUNUCO: cuando hablamos de eunucos encontramos:

  • PRIMERO: los que lo son por causas naturales, es decir a los que han nacido impotentes.
  • SEGUNDO: los que se han hecho eunucos por una intervención humana, es decir, que han sido castrados.
  • TERCERO: los que a sí mismos, se han hecho eunucos por causa del reino, es decir, los que pueden permanecer célibes. Para ello, un cristiano podría citar Mateo 19:11, 12 “Pero Él les dijo: No todos son aptos para recibir esto, excepto aquel a quien le es dado. Porque hay eunucos que así fueron engendrados desde el vientre de su madre; hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se han hecho eunucos por causa del reino del Cielo. Quien pueda aceptar esto, que lo acepte”. (La Biblia Peshitta en Español, publicada por Holman Bible Publishers. Nashville, Tennessee).

Aquí en Mateo, podemos entonces entender porque hay diferentes motivos por el que los hombres no se casan y entre ellos encontramos los que han renunciado al matrimonio por causa del “Reino de los Cielos”Ahora bien, en la antiguedad generalmente los eunucos se desempeñaban como servidores de los antiguos monarcas orientales, eso lo podemos encontrar en el libro de Ester, 1:10 “El día séptimo , el rey Asuero, cuando su corazón estaba alegre por el vino, mandó a Mehumán, a Bizetá, a Jarboná, a Bigtá, a Abagtá, a Zetar y a Carcás, los siete eunucos que estaban a su servicio…”. (Biblia de Jerusalén, editada por Desclée De Brouwer, S.A., 2009 Henao, 6 – 48009 Bilbao). O también eran responsables de cuidar el gineceo, es decir, las habitaciones o salas que poseían las grandes casas de la antigua Grecia, y que generalmente eran para uso exclusivo de las mujeres de la casa: esposa, hijas, sirvientes. También era normal que el rey reservara una parte del palacio para las mujeres y concubinas, y está área era custodiada por el eunuco. Se puede encontrar también que muchos eunucos se desempeñaban como profesores exclusivamente en las escuelas de niños.

“3 Y que el rey nombre oficiales en todas las provincias de su reino para que reúnan a todas las jóvenes vírgenes y de buen parecer en la fortaleza de Susa, en el harén, bajo la custodia de Hegai, eunuco del rey, encargado de las mujeres, y que se les den sus cosméticos. [...] 14 Ella enttraba por la tarde y a la mañana siguiente volvía al segundo harén, bajo la custodia de Saasgaz, eunuco del rey, encargado de las concubinas. Ella no iba otra vez al rey a menos que el rey se complaciera en ella y fuera llamada por nombre” Ester 2:3,14. (La Biblia de las Américas. Publicada por B&H Publishing Group, Nasville, Tennessee 37234).

Por su parte encontramos en 1 Corintios 7:25 – 35, un punto de vista ofrecido por Pablo, sobre casarse o no casarse, leemos en el verso 26 Creo, pues, que esto es bueno en vista de la presente aflicción, es decir, que es bueno que el hombre se quede como está. [...] 32 Mas quiero que estéis libres de preocupación. El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo puede agradar al Señor; 33 pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, 34 y sus intereses están divididos. Y la mujer que no está casada y la doncella se preocupan por las cosas del Señor, para ser santas tanto en cuerpo como en espirítu; pero la casada se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. 35 Y esto lo digo para vuestro propio beneficio; no para poneros restricción, sino para promover lo que es honesto y para asegurar vuestra constante devoción al Señor”. (La Biblia de las Américas. Publicada por B&H Publishing Group, Nasville, Tennessee 37234).

Es importante recordar que está opinión de Pablo, se debe asociar a la visión o entendimiento que él tenía “de los últimos días”. Pablo consideraba cada vez más corto el tiempo para hacer la obra del Dios, por lo que creía que el creyente debería dar prioridad a las cosas del Señor (Romanos 13:11,12). Me parece importante, incluir aquí la nota que publica la Biblia de Jerusalén, editada por Desclée De Brouwer, S.A., 2009, en la página 1680, haciendo referencia a 1 Corintios 7:29, 31, allí se dice que “… el tiempo pierde toda importancia, puesto que el mundo futuro está ya presente en Cristo resucitado. [...] Pablo no invita a la indiferencia con respecto a las realidades terrestres. Quiere evitar que nos sumerjamos en ellas y que olvidemos su carácter relativo en relación con Cristo y su Reino que viene”.

VIRGINIDAD: En el Antiguo Testamento, cuando se habla de virginidad, soltería y/o esterilidad, se considera un oprobio. Por eso se dice que si una mujer no llegaba a casarse, algo que le ocurría generalmente a una mujer que había sido violada, se consideraba una gran desgracia, y un deshonor para la mujer; recordemos el caso de la hija de Yefté que pide dos meses de plazo para poder llorar su virginidad. “Después dijo a su padre: ‘que se me conseda esta gracia: déjame dos meses para ir a vagar por las montañas y llorar mi virginidad con mis compañeras”. Jueces 11:37. (Biblia de Jerusalén, editada por Desclée De Brouwer, S.A., 2009 Henao, 6 – 48009 Bilbao).

“Y habiendo ella concebido, dio a luz un hijo, y declaró: Dios ha quitado mi afrenta” Génesis 30:23. (La Biblia Peshitta en Español, publicada por Holman Bible Publishers. Nashville, Tennessee).

Esa discriminación se da precisamente porque la virginidad era muy valorada, tanto, que el sumo sacerdote debía tomar por esposa una virgen del pueblo de Israel. (Levitico 21:13 y siguientes) ya en el Nuevo Testamento, Jesús enseña que hay hombres que reciben el don y tienen el deber de renunciar al matrimonio por amor al reino de Dios (Mateo 19:12, 29) Y no como pretenden algunos de que es una contradición de la Biblia; o que Pablo, se contradice con Cristo, cuando Pablo simplemente estaba dando una opinión que estaba influenciada por un contexto de su entorno. Y en ambos casos, Jesús ni Pablo imponen la virginidad, más bien la recomiendan por la necesidad presente de tribulación.

“Ahora digo a las personas solteras y a las viudas, que está bien que permanezcan sin volverse a casar como yo, pero si no pueden ejercer el autocontrol, deberían de casarse porque es mejor casarse que estar continuamente ardiendo con el deseo sexual” 1 Corintios7:8,9 (Nuevo Testamento Judío, traducido por David H. Stern. Publicado por Messianic Jewish Publishers, 6120 Day Long Lane, Clarksville, MD 21029). Entonces lo anterior, no difiere de lo enseñado por la Iglesia Católica, siendo entonces la recomendación Paulina de la virginidad fundamento bíblico de la ley eclesiástica del celibato para los sacerdotes; está ley sin embargo, sólo se impuso tardíamente.

Más bien, creería que por parte de los anti-católicos, algunos de ellos un poco ignorantes, frente a algunos temas, u otros con un radicalismo absurdo que no conduce a nada, han tenido una comprensión equivocada del concepto del celibato en el clero. Pues con las razones expuestas aquí podemos afirmar que en todo el primer milenio y también después, el celibato era entendido en la Iglesia precisamente como “continencia”, es decir, como renuncia completa, luego de la ordenación, a la vida matrimonial, también para quien hubiese estado anteriormente casado. Mientras que en el Antiguo Testamento la obligación de la pureza sexual regía solamente en los períodos de su servicio en el Templo, en el Nuevo Testamento el seguimiento de Jesús en el sacerdocio es total y abarca siempre a toda la persona.

Finalmente les recomiendo leer un artículo publicado en el sitio de internet http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1343466?sp=y donde también se realiza un interesante análisis sobre este tema.

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